Noche serena (homenaje a Fray Luis de León)

No vea mis escritos quien no es triste,
o quien no ha estado triste en tiempo alguno.

Ausiàs March, traducción de Fray Luis de León

 

I

marmóreo gimes Fray Luis
cuántas veces dime
si soltaste un aullido desde tu celda hacia tu celda
si te sentías solo y sin nadie
más que tu amor a unas cuantas palabras
de una lengua extranjera

cuántas veces dime te sostuvo
cada llamada al cielo negado
si se te pudría el aliento detrás de cada padre nuestro
si murmurabas béseme de besos de su boca
ante una cruz mustia
y ya muy tarde

II

Anaya tenía en su puerta un obituario
derrotados/especulamos
la muerte del río y de sus profesores suicidas
dicen que encontraron los zapatos tiritando de frío
por la ribera

así vivimos y morimos
con los pasos lejos
del cuerpo

dime tú Fray Luis dime tú
ahora qué se escribe
ahora quién dirá dicebamus hesterna die

III

el arte también es un puño
lleno de tiempo y anemia
te digo Fray Luis te digo
dios es un nombre para el orden oculto
en sueño y en olvido sepultado

IV

yo me quedo con lo eterno del gesto
detrás del gesto
la necesidad de encontrarse en puentes
así como este tuyo romano y cerca
tan apretado contra tu visión
de futuras ruinas

aquí me quedo

V

burlaré los antojos de esta vida
con cuanto teme y cuanto espera
sé que me moriré diciendo
«todavía»

 


 

Este poema está escrito con Fray Luis. Formó parte de estos versos y de los últimos cuatro años de mi vida. Todo en mí es agradecimiento.

La Sayona charra

I

Rodrigo me preguntó hace unas semanas si había visto a La Sayona por aquí. Nos reímos todos. Estaría bien lejos del llano, le dije. Rodrigo y Mariana la habían visto deambulando por mi calle de madrugada, sostienen los cagados. Dicen que también se la encuentran en mi portal con frecuencia, de madrugada (y siempre de madrugada). Hace dos días saqué a pasear a Goya, eran las cuatro de la mañana, y me la encontré dentro del portal. Ahí estaba: inmensa, con un vestido largo de geranios, esperándome. Intercambiamos algunas palabras -las que pude- y subí.
II
Anoche salimos después de drogarnos un poquito. Comencé a sufrir en la pista. Entonces intenté concentrarme. Quise dejarme llevar, solo dejarme llevar, mis pies guiados por otra cosa. Salirme un momento de la parte del cuerpo que duele, de todo el cuerpo. Que guindase, que se tambalease. Y se meciera.
III
No pude regresar a mi casa hasta las doce del día siguiente. Dormimos un rato por la mañana en casa de Juan por ser la más céntrica, tres cuerpos en un solo sofá, tres parásitos. Antes de regresar, pasamos por el bar Manzano para acompañar a nuestro anfitrión hasta su jornada, a pesar de la resaca colectiva. Nos sirvió un café y estaba frío. Vaya café de mierda, Juan, quisimos decirle, pero nadie lo hizo, no somos malagradecidos. Cuando llegué a mi portal, La Sayona estaba saliendo. Me paralicé. Ahí estaban esos ojos densos.
IV
Esta vez no subí. Me quedé hablando con Sonia. Así se llama: Sonia. Tiene el mentón cuadrado, con barba, semejante a la barba de la tarde. Es buena persona. Esas cosas se saben. Sonia es muy directa y eso me agrada. Quedó huérfana cuando era una niña. Todavía sigue siendo una niña. Todavía sigue siendo huérfana.
Está en los cincuenta y piquito, empezando. Sé que tuvo tres hombres en su vida, y uno de ellos tenía sida. Ella tuvo que cuidar de él, me dijo. Otro la maltrató. Y el otro, no recuerdo qué pasó, pero creo que era alcohólico. Le dije que éramos una basura. No dijo nada. Quizás yo tengo más rencor hacia mi propio género o ella ha vivido tanto que aprendió a perdonar. Inevitable. Sonia se prostituyó para alimentar a sus hermanos pequeños, cuando todavía ella también era una niña. No tiene mascotas, le dije que debería tener un gato. Sé que Borges tenía un gato, y también Kerouac, Burroughs, Cocteau, Bradbury, Hesse, Cortázar. Yo soy de perros, quizás por eso no escribo bien. Quise buscar alguna escritora que tuviese gatos para incluirla en esta lista, pero la búsqueda no obtuvo resultados a simple vista. Montones de hipervínculos masculinos. Sonia habló de los perros de la gente de por aquí y me dijo que le gustaban todos. También le gustan los jóvenes y le gusta mi pelo. Se acercó sin titubear y soltó un gemido nasal mientras me tocaba la entrepierna. Tomé su mano y la aparté, con el terror de no parecer gentil. No quiero herirla. La Sayona me agarró el culo y ofreció subir a su casa para hacerme un café y una mamada. Acepté el café. Cualquier día subiré al segundo séptimo del portal B y seguiremos conversando. Me preguntó si tenía un hermano gemelo para hacerle la mamada y lamenté decepcionarla. Le dije: píntame angelitos negros. No creo que sepa de qué estoy hablando, pero lo entendió de todos modos. Sonia tiene un impedimento para hablar y eso no nos importa a ninguno de los dos; sus palabras chirrían, pero las tiene.
V
Se está muriendo, me dijo. No quiere decirles a sus hermanos sobre su enfermedad para no ser una carga, pero ha pasado un mes desde que el médico le informó sobre sus arterias podridas. Esas fueron sus palabras. Tiene que caminar diez kilómetros todos los días si quiere vivir. Yo no puedo caminar tanto, pero espero que ella lo haga.

 Sé que la veré de todos modos.

Encendiendo la mirada

Asistí a un taller literario para obligarme a producir textos y terminé por comprender su religiosidad. Me di cuenta e hice un tweet: el taller literario como acto de fe. Reunidas, las gentes, en círculo. Un culto poético para una esperanza.
Nos propusieron hacer un poema sobre una botella de agua -de plástico- que Carmen Camacho colocó en el centro del salón. Había que mirar primero y mirar diferente después. Cada quien tenía que contribuir con un verso y luego en nuestras casas veíamos qué carajo hacer con eso. Esto fue lo que yo hice:

I

Arrojamos temblor contenido
en un acuario sin nadie/
hay una claridad ciega en sus márgenes.

Esta transparencia de Proteo plastificado
ruge
en la sumisión incolora, inodora, insípida/
mañana sabremos profanarla
en las orillas de una protesta.